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Recorridos

Holanda: En un Reino de Dos Ruedas (Segunda Parte).
por Carlos Bernardo Borrazás



...A la primera parte

Volviendo a nuestro derrotero, la bicisenda ahora busca un destino provisorio en la antigua isla de Urk. Hoy, convertida en un pueblo pesquero, es la puerta de entrada a la región de los "polders" (terrenos ganados al agua), donde pareciera que el viento soplase aún mas fuerte. Es una comunidad estrecha, que ofrece la imágen del folklore, de la vida de los pescadoresdel lago. Cruzando el puente de Ketelmeer se ingresa a Flevoland, la provincia mas jóven de Holanda, que ha sido totalmente robada al agua.

Volendam: el puertoMediante la construcción de polders, se dejó al descubierto tierra que queda muy por debajo del nivel del mar. Los pastos proporcionan una hierba suculenta para regalo de las vacas, de los miles de corderos o de los inquietos caballos, a quienes hacen companía chillonas gaviotas, que se mezclan entre las siluetas de los molinos. Estos, absorben noche y día la humedad profunda de las tierras bajas. Una estrecha red de acequias surca el país en todos los sentidos, drenando arenas y pantanos. Cuando el invierno es crudo, los canales helados ofrecen una incomparable pista de hielo. Se puede ver un borriquillo trotando en el repecho verde de una autopista, o un yate irrumpiendo en el final de las desembocaduras, donde se agrupan los puertos, o hasta algunos vacunos pastando hasta el pie mismo de las edificaciones. Nada es imposible de alcanzar desde el equilibrio mágico de una bici.

El recorrido continúa hacia Kampen, donde algunos km. antes de arrivar, el sosiego va preparando la bienvenida. El museo municipal recibe al ciclista en una de las antiguas puertas de la ciudad, que data del año 1465. La iglesia de San Nicolás todavía conserva su órgano de mas de trescientos años.
Los polders acompañan el placentero trayecto a Elburg, disfrutando de una magnífica vista del lago Veluwemeer. Ya entrando en Harderwijk con su famoso delfinario, se presenta otra opción para tener en cuenta: el parque nacional De Hoge Veluwe. Es el parque del orgullo de Holanda; con una naturaleza tan cambiante donde se pueden apreciar explotaciones forestales, un museo al aire libre, y el estupendo museo Kröller-Müller en Otterlo, con una preciosa colección de cuadros de Vincent Van Gogh. Un sitio ideal para pasar unas vacaciones en bicicleta.

El mapa de ruta, ahora, nos va indicando que restan unas escasos 90 kms. hasta Amsterdam. Al dejar atrás Spakenburg, se comienzan a disfrutar los campos de brezo ya cercanos a Baarn. Continuando luego a lo largo del río Vecht, la bicisenda hace una última escala en Muiden, para visitar el castillo de Muiderslot. Ya la capital holandesa va divisándose a lo lejos; fueron tan sólo 325 kms. de plena libertad.

A la vera del Mar del Norte, un circuito fantástico:

La ruta costera embriaga de encanto en sus 185 kms. Esperan playas y dunas, con antiguos pueblos y flores, muchísimas flores.
A 30 km. del mar, en el doble delta del Rhin, y del Mosa, Rotterdam, el mayor puerto del mundo es un buens punto de partida. De muelles activos día y noche, es el respiradero de la industria del Ruhr.

La trágica estatua de Zadkine, perpetúa el recuerdo de la ciudad bombardeada en el año 1940. Todo el centro de la ciudad quedó destruída; sólo se salvó la iglesia de San Lorenzo, que hoy se encuentra sumergida en medio de grandes edificios. Hay pájaros migradores, que se posan cerca de las reservas de agua potable. los artistas se refugian en el viejo barrio de Delfthaven. Desde lo alto, la torre de Euromat vigila la ciudad.

Uno de los tantos molinos a lo largo de la bicisendaHacia el este, cruzando el río, se divisa el pueblo de Kinderdijkm con sus 19 molinos que datan del año 1740. En uno de ellos, abierto al público, se brinda información de los diferentes sistemas de manejo del agua, en la región de los polders. Pero los molinos mas grandes del mundo se encuentran en Schiedam, en las cercanías de Rotterdam.
Es la ciudad de la ginebra y los licores que perfuman los antiguos cabarets. Con los regueros de agua bajo los tilos, que reflejan un convento o una vieja iglesia, se arriva a Delft, con sus hermosas porcelanas de un azul característico. Sus hoteles particulares y sus puentes de albarda, dan la imágen perfecta de las viejas ciudades holandesas. Sin cambiar el rumbo de los pedales, perfilándose hacia el mar, se interpone La Haya, sede del gobierno, mostrando aires de gran señora en sus edificios gubernamentales. Los árboles dan sombra a sus parques y avenidas. Los cisnes se deslizan por la superficie tranquila de los estanques. En el diseño inglés del Westbroek Park, que sirve de entorno al concurso hípico anual, mas de 20.000 rosas florecen de Junio a Octubre. Lujo y buen gusto.

Los carteles desfilan sin cesar. Siempre hay que seguir a los "hongos" indicadores; es imposible perderse. La bicisenda continúa, y a cada vuelta de pedal , las flores se acercan lentamente.
Scheveningen impone un alto; al fin la bicicleta ha llegado al mar. Es la zona residencial de La Haya. Por su costanera Strandweg de 30 cuadras de fachada marítima, se delínea un precioso boulevard. A principios del siglo XX, los pintores ubicaron aquí sus talleres.

Próximo a la playa se construyeron suntuosas mansiones y palacetes. Con la temporada de pesca en primavera se puede observar la salida de los barcos en las primeras horas del día, con la tradicional despedida que las mujeres ofrecen a los pescadores, ataviadas de coloridos vestidos.
Es importante realizar este circuito en dirección sur-norte, a favor del viento, que así suele soplar.

Las casas se suceden, resplandecen, hasta la más sencilla, hasta el más pequeño jardín. Aquí como en toda la franja costera, abundan los frutos de mar. Las anguilas ahumadas, los arenques crudos a la marinera sobre tostadas y rociados con cerveza, son la tentación. Saliendo del pueblo, el Mar del Norte acompaña con su inmensidad a la interminable bicisenda. El tramo de 30 km. hasta los balnearios de Noordwijk, pasando por Katwijk, sorprende por su decorado adicional. Simpáticos faisanes, liebres y conejos se han adueñado de esta región junto al mar.

El ciclista ya se siente avanzar, tras el seductor perfume de las flores. En la primavera europea gran parte de la zona costera se cubre de un inmenso jardín. Los rojos y blancos, amarillos y rosados, con toda una gama de intermedios multicolores se agolpan en una fantástica paleta de pintor. Es que en la costa, los tulipanes florecen en abril.

En un desvío hacia el pequeño pueblo de Lisse, "la cabalgata de las flores", muestra historias y ciclos de vida de los bulbos. Ahora la mirada busca el cálido colorido en los majestuosos jardines de Keukenhof, que en su predio de 28 ha, se convierte en el jardín más grande del mundo. En Haarlem, unos km. hacia el norte, se encuentra el "Bloemen Bollen Streck", la región más trascendente en cultivo de bulbos.

El desvío se impone nuevamente hacia el mar. Allí espera Zandvoort, uno de los balnearios donde los elegantes holandeses concurren a broncearse.
Luego de las dunas de Kennemer, se llega a Velsen. Un diminuto trasbordador cruza las bicicletas a través del angosto canal. Un mar eternamente azul y un cielo infinito se funden a lo lejos. En los cincuenta y tantos km. que restan, el perfume del pasado se percibe en los pueblos costeros de Egmond y Bergen Ann Zee.

El siguiente tramo se acompaña de silencios. Entonces el viaje casi llega a su fin en Den Helder, puerta de la marina. Desde este lugar es imperdible cruzar a la Isla de Texel que, a unos 30 minutos de navegación, es una de las más hermosas del Wadden.
A lo largo del trayecto, apreciar el carácter del holandés no es una difícil tarea. Lento para las emociones, es práctico y laborioso. Ha tenido que superar sus fuerzas y desafiar a la propia naturaleza, logrando dominar el agua y ponerla a su servicio. Esto templó sus carácter. "Quien no frena al mar, no merece la tierra", afirma una vieja sabiduría popular.

Pareciera que si Dios hizo al mundo, Holanda fué hecha por sus habitantes. Esa es la sensación que se apodera del viajero ni bien desembarca en los Países Bajos.
Mientras, a diario, la bicicleta convive con el holandés en la intimidad de sus moradas, como en el luminoso tumulto de sus cielos.






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