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Grandes Ciudades
Praga, Todo su encanto y belleza
La capital del estado checo es un inmenso museo al aire libre que ostenta más de 2.000 monumentos de gran valía histórica, pero también una ciudad donde las alegorías y leyendas se encuentran a cada paso. Por eso, aunque el pasado esté vivo en cada una de las edificaciones, para entender el legado de los científicos, artistas y alquimistas habrá que hurgar más profundo en este mágico lugar
Una miríada de torres inyectan el cielo de un pasado que se eleva desde los monumentos, iglesias, puentes, casas y edificaciones que yacen incólumnes al paso del tiempo sobre Praga, capital del estado checo.Son cientos de cúpulas que quiebran la línea del horizonte abriendo un abismo entre el pasado y el presente, pues es una ciudad medieval, mágica y de leyenda que sobrevive a la era tecnológica y a las promesas que se originan en los albores del siglo XXI.
Este museo a cielo abierto fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, merecido título al ver los más de 2.000 monumentos que fueron dejando desde el siglo IX los protagonistas de esta obra imponente: los primeros príncipes y emperadores que dieron a luz a una urbe intramuros, los cristianos y los frutos que legó Carlos IV, los mercaderes judíos, los reformistas y la poderosa dinastía de los Habsburgo.
Fuente de artistas y científicos, alquimistas y escritores, Praga cobijó a Johannes Kepler, Giuseppe Arcimboldo, el rabino Jehuda Low -creador del Golem- y Franz Kafka. Fue una urbe de privilegiada posición en el conglomerado mundial durante muchos años, pero también sufrió durante las revoluciones burguesas, la ocupación nazi y el régimen stalinista, hasta que sobrevino la revolución de "terciopelo" en noviembre de 1989, que dió paso a la etapa democrática.
SANTOS Y DEMONIOS
Los años transcurridos se pueden ver en sus calles y edificios, los cuales a pesar de los avatares de la historia mantienen toda la pomposidad de antaño. Así lo demuestran la catedral de San Vito, una colosal joya arquitectónica (1344), en el barrio Hradcany y que forma parte del Castillo. En su diseño está marcado a fuego el devenir de su vida, ya que allí aparecen los bustos de piedra de quienen concibieron la obra y en su puerta de bronce la historia de su construcción. De los arbotantes góticos surge el aura de lo Divino al representar la Ciudad de Dios y las górgolas: las figuras quiméricas de demonios que servían para espantar las fuerzas del mal.
Después de ingresar a las capillas laterales y admirar la magnífica Puerta de Oro, es obligada una visita a la capilla de San Wenceslao, punto culminante de toda la edificación y donde se conservan relíquias del santo patrono de Bohemia. Al pie del Castillo, desde donde se obtiene una panorámica de los alrededores, emerge un tejido de casitas coloridas que flanquean la denominada callejuela de Oro. La arteria parece la imagen de un cuento representado por alquimistas. Créase o no, esta deliciosa calle fue escenario de estas aventuras, al igual que de las de Franz Kafka, cuya casa estaba en el Nº 22.
EL BARROCO, BALUARTE DE MALA STRANA
La expansión del barroco irrumpió en Praga hallando en Malá Strana un terreno fértil para florecer. Allí domina la iglesia de San Nicolás, erigida entre 1704 y 1756, en cuyo interior el contraste de luz y sombra ofrece sin matices la riqueza del estilo y las formas. La pintura al fresco en la nave central plasma la Apoteosis de San Nicolás, de San Lukás Kracker, que mide cerca de 1500 m2, una de las más grandes de Europa. Otra de las particularidades es su órgano, que fue utilizado por nada menos que Mozart.
El Barrio es el Hogar del niño Jesús de Praga, una estatuilla de cera originaria de España y donada a las carmelitas, que con frecuencia cambia de atuendo por las donaciones. Su pequeña figura puede verse en la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, otro valuarte del barroco, al igual que el Palacio Wallenstein, excentricidad de un militar que derrumbó 26 propiedades para erigirlo. Cinco patios interiores, una fachada de 60 metros y una capilla con el altar más antiguo de la ciudad, son algunos de sus atractivos.
PASAJE HACIA EL MUNDO ANTIGUO
Fue a las 5 y 31 minutos de un nueve de julio de 1357 el momento exacto en que nació el puente de Carlos, es decir, cuando se colocó la primera piedra. Es que en esta ciudad de alquimistas, leyendas y brujos, también los astrólogos tenían poder, y fueron ellos quiene presagiaron que a esa hora se produciría la conjunción de Saturno, o sea, el instante más feliz del año. Lo cierto es que hoy une Malá Strana con Staré Mesto en un recorrido rico en historia y arte, pues en cada uno de los extremos se levantan dos torres y a lo largo una hilera de esculturas.
Una vez en Staré Mesto, el casco antiguo propiamente dicho, el visitante podrá oir el eco de las campanadas del reloj que corona el Ayuntamiento, que data de 1364. Sin embargo, aún conserva su construcción original, la de las alegorías y metáforas a partir de figuras que representan la avaricia y la vanidad, el arcángel Miguel, la Tierra y los signos del zodíaco. En esta unión entre la religión y la ciencia sorprende que la tierra esté ubicada en el centro y el sol gire alrededor de ella, un error de los pensadores de la época.
Entre la intrincada red de callejuelas y plazoletas aparece dominando el paisaje la iglesia de Nuestra Señora delante de Týn, un estandarte de los reformistas. Antes de dejar atrás esta escenografía de cúpulas y torres eternas que cruzan el cielo valdrá la pena recorrer la Ciudad Judía, donde las huellas de otros momentos difíciles y en otras ocasiones más tolerantes aún sigue viva. El viaje podrá continuar por otros innumerables sitios de gran valor histórico enraizados en este territorio que le rinde homenaje al pasado.
Fuente: revista Destinos.

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