La isla italiana que se recuesta sobre el Mediterráneo es un bastión de la historia occidental. Esta propone cinco circuitos que atraviesan aquellos sitios detenidos en el tiempo.
Tras delinear epopeyas, presenciar contiendas, construir estados, las coordenadas de la historia universal que por años corrieron paralelas atravesando los más diversos mundos finalmente se cruzaron en la isla de Sicilia. Esa porción de tierra que se desprende de Italia y se recuesta sobre el Mediterráneo representa el mejor resumen del pasado de la humanidad.
Para viajar a través del tiempo, esta tierra propone cinco itinerarios temáticos que recorren aquellos sitios detenidos en algún momento de la historia. Se trata de circuitos que atraviesan escenarios con huellas de la prehistoria, así como los legados fenicio-púnicos, grecorromanos, barrocos y neoclásico-modernistas.
El pasado más remoto.
Aunque no se sepa a ciencia cierta su procedencia, lo cierto es que los primeros habitantes fueron los sicanos y sículos. Pero si nos retrotraemos más en el tiempo desembocaremos en el paleolítico, cuyos extractos más importantes se encuentran en el área occidental, desde la costa septentrional hasta más allá de Cefalú, donde las cuevas preservan el arte mural de fines de la edad de piedra. Se destacan la gruta de Cala dei Genovesi en Levanzo, dei Cavelli en San Vito lo Capo, y Niscei y Addáura en Palermo. Esta última refleja la gran habilidad compositiva de la escena del sacrificio humano ritual.
Hacia el sudeste, en Siracusa, se sitúa el Museo Arqueológico Regional Paolo Orsi, donde se aprecia una de las colecciones paleontológicas más ricas de Europa, con las vasijas del pueblo micénico que dejó rastros en Thapsos de sus viviendas con patio central. De esa civilización se pueden ver los sepulcros que acostumbraban a realizar en grutas artificiales. Pantálica es una verdadera ciudad prehistórica refugiada entre las montañas.
Hacia la provincia de Agrigento, el otro centro protourbano que data de la edad de hierro es Sant Angelo Muxaro, ubicado en pleno valle del río Plátani y famoso por sus tumbas excavadas en la roca y su orfebrería. Mientras que en la provincia de Trápani se encuentra la aldea eneolítica de Rocazzo, en Mazara del Vallo, con cabañas rectangulares y sepulcros hechos en pozos.
Hegemonía Fenicia.
Los fenicios se establecieron en el siglo IX a.c. y vivieron de las factorías. Por otra parte constituyeron las raíces de pueblos del Mediterráneo que siguieron sus pasos. A 20 km de Palermo se sitúan las ruinas de Solúnto, que datan del siglo IV a.c., de estructura irregular y viviendas que denotan la división en clases sociales. Se destaca el lujoso edificio denominado Gimnasio, la casa de Leda, el teatro y la acrópolis.
Segesta y Erice son otros sitios para no pasar por alto, aunque no fueron ciudades púnicas sino elimas, sus poblaciones, compuestas por fugitivos troyanos, focenses y sicanos legaron más interrogantes que certezas. Acérrima enemiga de Segesta, la historia de Selinunte está plagadade conflictos y guerras. En los períodos de paz, sin embargo, floreció una urbe con importantes obras arquitectónicas, como los templos sobre la acrópolis.
Período Grecorromano
La presencia griego-cartaginesa desde el siglo VIII a.c. duro hasta la irrupción de Roma en el Mediterráneo y atravesó la época en que las luchas civiles desembocaron en la creación de tiranías locales. Muchos legados están enmarcados por bellos paisajes conformados por promontorios, valles y el mar. Sobre la costa jónica, en Naxos, los griegos establecieron su primera colonia. Además de descubrir algunos tesoros ocultos, el turista podrá disfrutar sus bellas playas.
Tíndari es otro sitio paradigmático de la historia griega que tiene como marco el mar y las islas Eolias. Entre sólidas murallas despunta el teatro griego que, por su singular posición, con vistas panorámicas al agua, aún es escenario de espectáculos durante el verano. El museo ofrece una buena muestra de todo ello, siendo especialmente célebre la pieza de la estatua de Augusto. Cerca de Trápani está Marsala, con el parque arqueológico que alberga restos de viviendas, un edificio termal y el museo.
Sobre la parte oriental de la costa siciliana se extiende Siracusa y su isla Ortigia, unida a esta por un puente. Se trata de un auténtico bastión del pasado que reúne cientos de tesoros de todas las épocas. Entre los edificios más trascendentes se encuentra el templo dedicado a Apolo, el de Atenea y el grandioso teatro, cuya cávea es una de las más grandes del mundo griego. Cerca de allí irrumpen canteras de piedra que en la antigüedad sirvieron como prisiones. Otro sitio imperdible es Taormina, morada del teatro greco-romano abierto al mar y al Etna, con los restos de un templete y el antiquarium.
Suntuosidad barroca y moderna.
El Barroco estalla en Sicilia para llenar de ornamentaciones las edificaciones, pincelar los frescos y enriquecer las ciudades. Este espectáculo se inicia en Mesina, puerto de Sicilia, donde además de exponentes del barroco se encuentran otros estilos de gran belleza, como la iglesia de Santa María degli Alemanni, de principios del siglo XIII, que está delineada en gótico. La urbe conserva numerosos edificios dignos de visitar en una estadía que puede prolongarse unos tres días.
Encerrada entre las montañas y el mar, Palermo ostenta verdaderas reliquias, como el Palacio Real que derrocha suntuosidad y buen gusto en todos los detalles; o el Palacio Arzobispal, erigido en el siglo XV y de estilo gótico-catalán. En su interior alberga el Museo Diocesano que conserva numerosas piezas de arte religioso. En torno a la Piazza Bologni se emplazan otros tantos palacios e iglesias.
Palermo también es una pequeña capital del art nouveau con su villa Florio, la cual luce las aspiraciones de una alta y refinada burguesía; o la villa de vía Siracusa, que derrama eclecticismo y modas florales. Los caminos continúan bifurcándose hasta desembocar en parajes como Catania, Mesina, Ispica o Caltagirones.