Viajando por autopista desde Ciudad de México hacia la playas de Acapulco, uno no puede dejar de realizar una visita a esta ciudad.
Taxco es una de las ciudades coloniales mexicanas más hermosas. Allí, el pasado se mantiene vivo en la singularidad de sus calles empedradas, angostas y empinadas, sus capillas coloniales, sus balcones adornados con flores, hermosas puertas de madera, tiendas de artesanías y, en general, toda su arquitectura maravillosamente conservada.
La raza "chontla" ha habitado estas tierras formando el centro ceremonial "Teotlalco", lugar donde hoy está localizada la antigua ciudad de Taxco, derivando así su nombre. Las primeras referencias escritas acerca de Taxco vienen de la IV carta de relación de Hernán Cortés, con fecha 15 de octubre de 1524.
Taxco es rica en edificios de gran valor histórico y arquitectónico. Sobresalen la capilla del Señor Chavarrieta, con un crucifijo del siglo XVII; la iglesia y convento de "San Bernadino de Siena", construído en el siglo XVI; el "Museo de la Ciudad" o "Casa Humboldt", donde el baron Alejandro de Humboldt vivió; el museo "Guillermo Spratling" y la "Casa Borda", entre otros interesantes sitios. Y finalmente, el templo de Santa Prisca es un ejemplo del barroco mexicano.
Esta famosa Parroquia, joya arquitectónica de estilo chirrigueresco y símbolo de la ciudad que se enorgullece de su bellísima portada de cantera rosa, sus altas torres visibles desde cualquier punto de la ciudad y sus interiores tapizados con hoja de oro, fué mandada a construir por un empresario europeo llamado José de la Borda, quien se enriqueció con el producto de las minas de plata, que aún hoy son el principal motor de la ciudad.
Docenas de establecimientos muestran sus mejores artesanías y diseños artísticos realizados en plata de la mejor calidad, siendo una oportunidad para los turistas que deseen comprarlos a bajo costo.
Taxco tiene muy buena hotelería, de todos los niveles, pero uno de los hoteles más típicos y hermosos es "La Posada de la Misión", construída en la base de la ciudad, con la arquitectura típica de una misión jesuíta, este cinco estrellas nos hace sentir como invitados al rancho de Diego de la Vega, el "Zorro". Desde aquí se puede subir el cerro, recorriendo las pequeñas callejas hasta llegar a la cima, donde se encuentra la plaza y la parroquia de Santa Prisca. Este sitio es una clásica plaza de pueblo mexicano, rodeado de negocios de artesanías, platerías, restaurantes y bares para todos los gustos. Desde los balcones de los mismos se puede contemplar toda la ciudad desde lo alto mientras se saborea una buena cerveza con tacos y se escucha canciones típicas mariachis.
Por este motivo, si bien se puede recorrer la ciudad en unas pocas horas, no es bueno tomarla como un sitio de paso, sinó quedarse por los menos dos días para gozarla tranquilamente.
Esto también nos permitirá aprovechar una mañana para visitar el Parque Nacional de las Grutas de Cacahuamilpa, distantes 30 Km. por carreteras serpenteantes entre precipicios que nos dejarán sin aliento. Estas grutas son famosas por sus formaciones de estalacticas y estalagmitas de increíbles dimensiones que parecen cinceladas por algún artista mágico. A lo largo de una caminata de 2 Km. por las entrañas de la tierra se pueden apreciar mas de 90 diferentes escenarios creados por los caprichos de la naturaleza.
Las visitas al parque Nacional Grutas de Cacahuamilpa se pueden efectuar todos los dias del año, iniciando los recorridos en carácter de visita guiada, desde las 10:00 de la mañana y la última entrada a las 17:00 horas, pagando una entrada de aproximadamente un dólar y medio (15 pesos mexicanos).
Luego, cansados de tanto caminar, retomamos el camino a Taxco, pudiendo parar para almorzar en alguno de los tantos ranchos que se encuentran en el camino para "saborear" una sopa y un asado de iguana, eso sí, acompañados de buena cerveza mexicana.