Una característica notable de este destino es que conjuga, en un mismo territorio, pasajes paradisíacos plenos de sol y playa con el acervo cultural de la México cosmopolita y la indígena. Bañada por el Pacífico, Puerto Vallarta arde entre enchiladas y chamarritas de mariachis.
Recostado sobre la cálida arena, el viajero obtiene una vista panorámica del paraíso. Hay tanto verde esparcido por aquí y por allá que el hombre no da abasto para abarcar el paisaje de un solo vistazo. Pero el verde no es sólo de la vegetación sino también de las aguas que lamen las costas con una pausada cadencia. Un poco más lejos, las copas de las palmeras acompañan la danza de la suave brisa, mientras los rayos del sol pegan tan fuerte que es necesario buscar algo de sombra debajo de algún arbusto. De todos modos, no importa: a pocos pasos están las tentadoras aguas para refrescarse y quitarse de encima esa acogedora transpiración que proporciona el relax.
En el estado de Jalisco (México), Puerto Vallarta es como un pequeño cofre que atesora algunas de las más destacadas playas de la región. Además de coloridas y ruidosas propuestas que se van dibujando a medida que el turista recorre las calles empedradas, ferias artesanales, restaurantes de primera categoría y salones de baile.
Playas y más playas.
La variedad de playas de esta región es vasta. La cuestión es recorrer, ya que hay sitios para todos los gustos. La Playa de los Muertos, por ejemplo, está ubicada en el Centro Histórico, y se caracteriza por presentar una franja de arena estrecha y de aguas muy cálidas, ideal para cuando se tienen ganas de ver gente y explorar la fauna urbana, tomar un trago o comer mariscos frente al mar.
Situada a 10 Km al sur del centro de la ciudad, la Playa Los Arcos refleja, precisamente, la otra cara: se trata de una región pedregosa, más solitaria y de aguas muy transparentes. Localizado frente a dos islotes de piedra denominados Los Arcos, es un paraje muy amado por los buceadores.
Muy cerca de Los Arcos se encuentra Mismaloya, muy similar a la anterior pero más poblada, sobre todo por aquellos interesados en recorrer los arrecifes que están en la punta sur de la ensenada.
Allí hay varios paradores para tomar un trago o probar algún plato típico.
Los tesoros de Puerto Vallarta
Pareciera que Puerto Vallarta esconde sus más preciados tesoros a los ojos del turista. La ciudad tiene mucho para ofrecer. Algunos de esos tesoros se ubican en el centro de la urbe, entre el Malecón, los restaurantes y los hoteles; otros más alejados, yacen en los valles de las Sierras Madres.
Una incursión por la gastronomía no debe obviar “Miguelitos”, local ubicado en pleno casco histórico que deleita al visitante con excelentes platos regionales, bajo una ambientación típicamente mexicana. También descollan los pescados que preparan en Daiquiris Dicks, un sitio óptimo para aquellos románticos que desean pasar una velada frente al mar.
Otra opción es acercarse hasta Pitillal, una colonia de artesanos que trabajan principalmente la madera, ubicada a 20 minutos del centro. Para llegar a este pueblo es recomendable caminar por la calle principal, Francisco Villa - invadida de comercios- hasta la Plaza Central, donde se erige la iglesia San Miguel Arcángel. Es allí donde se despliegan miles de obras de arte esculpidas en madera, esperando el arribo de los turistas.
En Puerto Vallarta también es posible acceder a hermosas piezas de arte de la comunidad indígena huichol, descendiente directa de los aztecas y una de las pocas que aún mantiene viva su tradición y hábitos originales. Actualmente, la comunidad huichol se instaló en el norte y al este de Vallarta, en medio de las sierras. La tienda principal de piezas elaboradas por esta comunidad se encuentra en la calle Morelos, frente al faro del Malecón.
Otra excursión recomendable es la denominada “Ritmos de la Noche”, a bordo de una embarcación que navega las costas mientras cae el sol, hasta llegar a “Las Caletas”, antigua residencia hoy convertida en un restaurante a la vera del mar. En medio de este escenario, la tequila, el ponche de frutas y la música están a la orden del día. La tarifa del tour incluye el recorrido en barco, las bebidas a bordo y una comida en el restaurante.
Tampoco está para perderse una visita a San Sebastián, una arcaica aldea de mineros de tan solo 600 habitantes, localizada en uno de los fértiles valles de las Sierras Madres.
Hasta allí sólo se puede llegar en avión o en globo, ya que los caminos son de tierra y rara vez están accesibles. En San Sebastián el tiempo se detiene ante los ojos del turista, quien puede apreciar como viven los aldeanos de un remoto pueblo de México. Esta región dispone de sitios para hospedarse, tales como la hacienda “La Jalisco” (una antigua estancia mexicana devenida en hotel) o bien las posadas esparcidas por el pueblo.
Entre los dos puentes de la Ciudad Vieja, y a unos pasos de la isla del río Cuale, también irrumpe el Mercado Central. Se trata de una típica feria mexicana, con artesanías, vestidos bordados, cuadros realizados por artistas locales, y cerámicas, en la que el regateo es moneda corriente.
Por último, tampoco se debe dejar de visitar a la Casa Kimberley: esta propiedad fue adquirida en los años ’60 por el actor Richard Burton. Quien se la obsequió a su esposa y actriz Elizabeth Taylor. La misma está situada a unas cuadras de la iglesia de Guadalupe.