Ubicado a 140 km de La Habana, Varadero aporta su cuota de paradisíacas playas caribeñas combinada con la hospitalidad característica de sus habitantes. Allí encuentran un espacio ideal los amantes del buceo.
Detrás del vidrio las imágenes impedían el descanso de la imaginación. No había anaranjados que no contrastaran con otros verdes opacos y otros tantos amarillos brillantes; tampoco faltaban extraños seres con miles de flameantes brazos -los corales- pegando manotazos a miles de peces, como queriendo aferrarse a ellos en su alocado derrotero. En esa especie de calidoscopio toda imagen era sinónimo de confusión: el torrente de peces azules que fluía desde un costado se topaba de golpe con otra correntada de pequeños y plateados especimenes con escamas; tanto azules como plateados contoneaban lo suficiente como para esquivarse.
El barco con fondo de cristal partió de las inmediaciones del litoral norte de Varadero (Cuba) rumbo a Matanzas. Tras el espectáculo de colores que se divisaba por debajo de la embarcación, la tripulación fue invitada por el capitán a calzarse los trajes de neoprene, las antiparras y los tanques de oxigeno. El objetivo: traspasar la barrera de cristal, mantener contacto pleno con aquellos seres hasta ese momento distantes. Comenzar a formar parte, aunque más no sea por unos minutos, de esa cascada de peces y extrañas formaciones de las profundidades marinas.
Deportes náuticos a la orden del día
Larga y estrecha, al norte de la provincia de Matanzas, la península de Hicacos se adentra insolente en ese mar tan azul que lastima los ojos, dando lugar a la inmensa playa de arenas blancas denominada Varadero, conocida desde tiempos remotos por los aborígenes y hoy disfrutada por los turistas de todo el mundo.
Belleza natural, hospitalidad y alegría se conjugan en este amplio litoral con más de 20 km de playas ubicado a pocos kilómetros de los centros urbanos de Matanzas y La Habana. Destacado por presentar alrededor de 32 sitios de buceo, Varadero ostenta la zona de inmersión que va desde la bahía de la ciudad de Matanzas hasta el límite norte del archipiélago Jardines del Rey. La plataforma cubierta de arena va descendiendo suavemente, salpicada por abundantes parches coralinos y en medio de una nutrida y variopinta horda de peces.
Ojo de Mégano, una caverna submarina de 70 m. De diámetro localizada en los arrecifes cercanos a la bahía de Cádiz; así como el Parque Marino de Cayo de Piedra, un área de dos millas en cuyo fondo yacen una lancha cohetera y un avión transporte intencionalmente hundidos; constituyen sitios ideales para los amantes del buceo.
No cabe duda que los deportes náuticos son una de las mayores atracciones de Varadero. Basta con embarcarse en un velero para disfrutar de las casi inertes aguas del norte, bucear entre los arrecifes de coral, o bien palpar los últimos rayos de sol lamiendo las aguas a bordo de un bote a motor.
Desde la orilla, enormes gomones con forma de banana no cesan de provocar risotadas a los turistas, a partir de los enormes brincos que pegan cuando son azotados por las olas. Tampoco están para perderse los paseos sobre botes de pedal, de vela o simplemente en los catamaranes de diversos tamaños que surcan el océano Atlántico.
Un poco más lejos, casi sobre el final de la península, se encuentra el delfinario: entonces sí, la paz de la región se patentiza en la plácida y a la vez profunda mirada de esos ejemplares, los delfines, que con gran destreza dibujan piruetas en el aire siguiendo las órdenes de sus entrenadores. El espectáculo se alterna con la posibilidad de tomar un baño junto a ellos, que a esa altura de las circunstancias ya se han acostumbrado al público.
También vale una escapada al Parque Jasone, un bello refugio situado a la orilla de un apacible lago y rodeado de frondosos árboles, donde habitan numerosas especies como pavos reales y patos, entre otras.
Hora de Caminar
También es recomendable abandonar por un rato las paradisíacas playas con su amplia gama de opciones, para emprender una caminata por las calles y adentrarse de a poco en la idiosincrasia local. Innumerables casas de diversos estilos construidas a lo largo del siglo XX conviven en perfecta armonía con modernos hoteles, centros náuticos, restaurantes y locales nocturnos, desplegando ante el turista la diversidad de opciones que Varadero tiene para ofrecer: desde excelente gastronomía, hasta discotecas y bares con ritmos caribeños y destacados centros de compras.
El día dice adiós con los últimos destellos del sol; momento más que oportuno para iniciar una caminata por la playa, mientras el sosiego del entorno fagocita todo ruido inoportuno. Sólo el mar es protagonista de la cortina de fondo. Una cubana errabunda se acerca para decirnos algunas palabras de bienvenida y otras de inicio de charla; de paso, ofrece una artesanía de caracolas marinas confeccionada con sus propias manos, afirma. Detrás de una improvisada barra, un coterráneo de la cubana dispone de exquisitos cócteles. Allí finaliza la caminata, el telón anaranjado abandona el cielo de una vez por todas, y el cóctel imprime su encanto en ambos paladares: el del turista y el de la cubana.